La botiga del riu, agrobotiga de les Terres de l'Ebre

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El macizo del Port, en primavera, pinta verdes los amaneceres, y los ruiseñores lo despiertan con trinos que han aprendido en tierras lejanas. Y los caminos que pasean entre pinares de albares cantan canciones de las mujeres y los hombres -que habitaban este nuestro macizo calcari-, los cuales pasaban cada día por conducir los rebaños, para vigilar la carbonera ..., o para ir de una fuente a otra. Las decenas de "catedrales" del Puerto, las masías, aquellas construcciones férrea, levantadas a golpe de mano, que se elevaban sobre una colina, o se situaban en los labios de un risco o por los arcenes de alguna llanura de cultivo, hoy, aunque muestran un aspecto ruinoso, aún conservan parte de su dignidad: aunque manan las fuentes que los amamantaban! Sí, aquellos pozos con vueltas magistrales, erigidos con piedra seca; los cocons, las Cadolles, las rellanos y las picas que se colman en días de lluvia generosa; los sopladores, las simas y los colmillos de los que brotaban aguas milagrosas, aunque regalan el néctar de los dioses, que garantizaba la vida a los habitantes del macizo del Port.